Instrucciones para ofrecer un sacrificio al dios sol

Sírvase dar un paso después del otro. Respire.

Tómeselo con calma. Dese el tiempo de observar Santiago a lo lejos, tan distante que parece de mentira, perdido entre las nubes.

Cinco mil metros no es poco. Siéntase orgulloso, pero no por mucho tiempo. Es necesario que siga avanzando.

Cuando llegue a la pirca, observe lo crudo del diseño. Las piedras que una sobre otra constituyen el único refugio que tiene en la proximidad. Piense en la piel de dios. Piense en sus ojos distantes y salvajes que le envían ventoleras. Imagine la sonrisa que es el rayo de sol que le aterriza en este instante sobre el ojo derecho.

Invierta unos minutos en disfrutar del viento y antes de congelarse, tome asiento al resguardo de la estructura. Imagine. Entiendo que sea costoso, pero intente imaginarse quinientos años atrás, borracho y temblando. Borracho y niño sentado en el mismo lugar. Sentado en otro tiempo.

Tiene todo el derecho de sentir miedo primordial o inspiración religiosa a gusto.

Notará, después de un tiempo prudente, que lo invade un suave adormecimiento. Es posible que ya no sienta frío.

Póngase cómodo, cierre los ojos.

Si ya no existe sonido posible, si ha agotado el combustible del aliento, entonces podrá sentirse orgulloso de haber realizado un muy satisfactorio sacrificio al dios sol.

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