Las noches largas

A eso de las nueve me acuesto con las gatas y hablamos respecto a como estuvo nuestro día. El día de las gatas es siempre aburrido, pero no les digo nada para no herir sus sentimientos. Por lo general están emocionadas mientras enumeran sus actividades (Aunque tratan de esconderlo): Dormimos, usamos la caja de arena. Alguien puso atún en nuestro plato y lo comimos (Fui yo y me vieron). Dormirmos más. Perseguí al monstruo de plumas mientras Estrellita observaba. Estrellita persiguió al monstruo de plumas mientras yo observaba. Perseguí a Estrellita. Le arranqué un puñado de pelos. Así me hablan mientras yo finjo impresionarme. En serio? Ohhhh, que buena. Las gatas rápidamente se duermen en posiciones estratégicas para quitarme la mayor movilidad posible. A veces sobre mi. Solo entonces puedo leer.

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Las gatas a veces sueñan y he aprendido a identificar cuando es una pesadilla. Cuando algo oscuro las sale a cazar. En medio de maullidos de angustia y movimientos espasmódicos, pongo la palma de mi mano sobre sus lomos y vuelve la paz. Tengo el poder de espantar los malos sueños.
Anoche desperté con los ojos inmensos de la gata Antifaz alumbrándome el rostro. Estaba muy interesada en mi cara durmiente. Sus orejas estaban levantadas y en alerta. Entonces comprendí. Ya se por que últimamente duermo tan bien y a quien responsabilizar.

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